El Cerebro Adolescente:cambios de estructura y reorganización
Tengo un hijo adolescente. Con tenacidad y no con poca pena he sido testigo de sus cambios brutales, de una transición sin concesiones, de su paso de niño a púber-adolescente. Aun no entiende que quisiera abrazarlo como antes, o ir al cine y verlo desternillarse de risa, sentir su temor o su emoción; de cargarlo en horcajadas para que no se canse, de llevarlo al colegio mientras aprendíamos a escuchar Pink Floyd. Quisiera nuevamente agarrarle la mano para cruzar la pista o simplemente para saber si estaban frías para abrigarlas. Ya no puedo sentarme en la mesa y conversar como antes y me suele castigar con su silencio o su apuro.
Pensaba que estaba preparado para todo ello pero es más de lo que imaginé y no es nada de lo que me comentaron. Porque es sensibilidad pura y eso es sello personal. Nadie está preparado para el ninguneo y menos cuando fuimos tan cercanos, tan amigos y tan papá e hijo. Entonces racionalizando mis cuitas, redescubro que esos cambios conductuales tienen su base...